FeedBlogs
Blogs en Español
Epis: tres generaciones unidas por una pasión
María Elena es la mamá de Analía, Mariela, Fabiana y Viviana y la abuela de Pía y Paloma. Todas adoptaron el hockey sobre césped como un estilo de vida. Un ejemplo de familia y por eso el Diario Los Andes decidió homenajearlas en un día especial para las damas.
Las hermanas Epis son hockistas destacadas en el ámbito mendocino. Mujeres que hicieron de esta actividad un estilo de vida una vez que el hockey como pasatiempo se fue transformando en ellas en vocación.
Paso a paso lo que comenzó como una atracción desde el grupo de colegialas -como sucedió con la mayor de las Epis, Analía-, terminó siendo una profesión en sus hermanas. Fue como un contagio, un sentir que invadió sus vidas profundamente, atrapando a tres generaciones.
Primero Analía se dejó llevar por una curiosidad juvenil de practicar un deporte que le permitiera conservar su círculo de amigas. Y bajo la conducción de Jorge Estalles comenzó a dar sus primeros pasos. Luego, ya en Obras Sanitarias, Mariela, Fabiana y Viviana la siguieron, ocupando cada una un lugar distinto en la cancha.
Actualmente, hasta mamá María Elena se sumó a la familia de este singular deporte, a su vez que sus nietas Pía y Paloma lo hicieron para jugar en inferiores.
Estas mujeres, todas unidas no sólo por sangre sino por un mismo concepto del deporte y por una gran pasión, dieron cuenta por qué es tan fuerte ese amor que hace que desde afuera se las admire y reconozcan tanto, en el hockey sobre césped de Mendoza.
El comienzo
Las chicas eran niñas cuando la “Chiqui”, María Elena de Epis, decidió que sus hijas practicaran algún deporte. Analía tomó la decisión y sus tres hermanas la siguieron. El hockey fue lo más atractivo, tomando en cuenta que en aquella época no habían Leonas ni grandes ídolas a imitar. Sin embargo, los códigos en el juego, acompañado con sus aptitudes y compañerismo, llevó a este grupo de chicas a brillar en las canchas. El compartir fue el gran tesoro conservado por las Epis.
Ahora sus respectivas hijas continuarán la dinastía con los mismos conceptos de este deporte.
Las Epis comenzaron yendo en Rastrojero hasta el club que las contuvo. Y cuando los colores a defender pasaron a ser los de Obras Sanitarias, continuaron a pie o en bicicleta. Cuando Andino fue el nuevo club, entre ellas se transportaban, a pesar de que luego Mariela decidió pasar a Murialdo.
No obstante el comienzo fue de a cuatro. Mientras que Analía, Mariela y Fabiana competían, Viviana con cuatro años ya sentía ganas de ingresar al césped. Viendo y recibiendo de sus hermanas las técnicas y el aprendizaje, fue creciendo y junto con Fabiana llegaron a conformar seleccionados.
Analía y Mariela tomaron otros caminos, el de la maternidad, el de entrenadora y profesora de Educación Física, respectivamente; y, sobre todo, el de admiradoras de sus hermanas.
“Se nota que las Epis se llevan bien como hermanas porque se pasan la pelota”, le dijo un entrenador a mamá Elena, quien contó: “Si me habrán roto macetas, yo que soy la loca de las plantas. Y en la vereda, pum, pum, pum permanente”, expresó.
Ahora la “Chiqui” juega en las mami de Andino y aunque diga que es un “9” mentiroso, es la encargada de tirar los penales.
¿Y ahora es usted la que rompe macetas?
No, yo cuido a las plantas. Yo me voy al club a jugar.
La posta pasó a la tercera generación
Era tener suerte en aquella época “contar con la mamá y el papá que nos acompañaran en cada una de nuestras decisiones. El hockey nos brindó muchas cosas. Y de ahí que mis hijas ahora reciben eso también”, remarcó Mariela, quien además es mamá de Paloma (10 años), jugadora de Marista y como tal debe captar las indicaciones de su tía Viviana.
Paloma es delantera y, siguiendo una tradición antigua y familiar, su abuelo “Beto” le regala un peso por gol convertido, como el abuelo de su mamá y sus tías lo hacían con ellas.
Analía también traspasó su amor por el hockey a su hija Pía (12), quien juega de carrilera por derecha animándose al ataque más que su mamá (defensora). Pía juega en Andino y recibe los consejos de su tía Fabiana.
Los hijos varones se inclinaron por el rugby y, pese al esfuerzo de Viviana, no hubo modo de atraerlos al hockey, por lo que este deporte quedó sólo para las mujeres de la familia.
Y la primera también fue contagiada
Los padres Alberto y Elena acompañaron a sus hijas en cada decisión. Pero la “Chiqui”, ya con sus nenas adultas y ella con sus 59 años tomó la posta, se vistió la faldita, tomó el stick y se puso a pegarle a la bocha. Ya lleva siete años practicando en Andino.
“Fabiana es la que me dijo que en Andino se estaba formando el mami, me preguntó si quería ir y le dije que si”, comenzó María Elena. Y Mariela agregó: “En el primer entrenamiento se cayó y se fisuró una costilla. Estuvo como dos meses que no podía hacer nada. Le dije mamá no vas a poder jugar más”. “Pero volví”, le contestó su mamá.
“Fijate que ella después de habernos criado vino a experimentar lo que nosotras conocimos de jóvenes, el tener un equipo, un grupo de amigas y juntarnos”, resaltó Mariela con su visión de docente, hija y madre.
Claro que Viviana, con humor acotó: “Mi mamá es delantera, y cuando juega intercambia recetas de cocina con la arquera. Ves que se divierte mucho, aunque se enoja con los árbitros”. Y Elena le contestó: “Es que cuando un árbitro te cobra mal te da bronca. Te imaginarás que sé bastante de este deporte”, remató.
Lo que la naturaleza une, nada lo separa
Cuando todas comenzaron en Obras el espíritu era otra cosa. No importaba tanto perder. Estaban siempre juntas y con una mirada se entendían en el juego. “No fue fácil cambiar de club y peor fue enfrentarnos, porque uno se identifica como familia. Es muy difícil estar enfrente de tu hermana. Compartimos muchas cosas, pero a la vez lo entendemos porque es deporte”, confesó Mariela.
Y Viviana le siguió con su argumento: “Yo no grité un gol cuando me tocó enfrentarla. Pero el deporte te exige estas cosas. Igual, lo mejor que me pasó fue el año pasado, cuando con Fabi entrenamos juntas en el seleccionado mayor y aprendí muchas cosas de mi hermana que me enorgullece haber estado a su lado”.
Y Fabiana a modo de devolución en el diálogo, agregó: “A mi me costó que ella (por Viviana) se vaya a Marista a dirigir. Pero por ahí charlamos e intercambiamos conceptos y tácticas, antes de un partido, que se hace difícil con otros entrenadores darte esa información. Pero para nosotras es útil para mejorar. Estas charlas no las usamos para aventajar o las escondemos para que la otra no aprenda. Todo lo contrario”.
Y Viviana remató: “Es una manera de crecer. De eso se trata”.
Fuente: Diario Los Andes / Analía Cuccia Baidal
Subscribe to RSS Feed